La Crianza: Un escenario de rememoración para los padres.

La experiencia de la crianza no solo implica cuidar a nuestro hijo/a, sino también reencontrarse con su propia historia de cuidados. Para muchos adultos, convertirse en madre o padre supone un retorno a su propia infancia. Criar es también recordar la crianza individual.

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Revivir la historia de cuidados

El cuidador revive parte de sus experiencias ligadas a su propia historia de cuidados: confianza, ternura, miedo, rabia, confusión… Todo eso puede emerger en la relación con el bebé.

Cuando esa historia fue suficientemente segura, la crianza puede reconectar al adulto con experiencias positivas de protección, reconocimiento y amor. Sin embargo, cuando la historia de apego fue traumática, cuidar a un ser completamente dependiente puede resultar profundamente desafiante.

La fragilidad del bebé activa nuestra propia fragilidad

Cuidar de una criatura frágil y dependiente implica, muchas veces, ponerse en contacto con la propia fragilidad: con emociones no resueltas, con recuerdos de miedo e indefensión, con aspectos de una infancia que puede haber sido difícil o dolorosa. En este escenario, criar puede ser también reparar.

Dos elementos claves que son factores de protección para una crianza segura son el de respuesta sensible (del cuidador) y base segura (en el niño)


La respuesta sensible: el arte de interpretar las necesidades del menor.

La respuesta sensible se refiere a la capacidad del cuidador para percibir e interpretar adecuadamente las señales del bebé. Cumple dos funciones esenciales:

🔹 Acceso al estado mental del bebé, para poder interpretar sus necesidades (frío, hambre, dolor…).

🔹 Atribución de significado a ese estado mental, influenciada por los propios modelos internos del cuidador (¿cómo me cuidaron?, ¿cómo aprendí a cuidar?, ¿cómo me cuido?).


La base de seguridad: el fruto de una relación sensible.

De esta capacidad de respuesta sensible emerge un concepto fundamental en el desarrollo emocional: la base de seguridad.

Esto se refiere a la percepción del bebé de que cuenta con una figura de apego sensible, accesible, incondicional y duradera. Esta percepción le brinda una sensación de seguridad que lo protege frente a las adversidades del entorno.

La base de seguridad no se construye en un solo acto, sino a través de múltiples interacciones cotidianas entre cuidador y bebé. Es en ese vínculo repetido, disponible y emocionalmente sintonizado donde se funda la confianza básica para explorar el mundo… y para crecer.

En Cafuné trabajamos con papás y mamás que han tenido experiencias traumáticas no resueltas en su historia de apego, y que pueden estar distorsionando la crianza con sus hijos en la actualidad. Si estás interesado/a, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo.

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