Separarnos de las personas que son importantes para nosotros es, cuanto menos, incómodo. Lo «sufrimos» cuando se rompe una relación de pareja, cuando emigramos a un país o cuando acaba un puesto de trabajo.
Pero hay otras separaciones que destacan en el día a día que no deben ser angustiantes. Hablamos aquí de la inseguridad que puede tener un hijo/a al separarse, por ejemplo, de sus padres.
La inseguridad de separación no es “capricho” ni “manipulación”. Es una señal de que el niño todavía no ha podido construir una sensación interna de seguridad. Necesita ver, tocar o escuchar a la figura de apego para sentirse tranquilo. Le cuesta confiar en que la relación sigue existiendo aunque no esté presente.
¿Cómo se manifiesta?
Algunas señales habituales:
- Llanto intenso en separaciones (colegio, dormir solo…)
- Necesidad constante de contacto o comprobación
- Miedo a que algo le pase a sus figuras de apego
- Dificultad para calmarse sin el adulto
Lo importante aquí no es eliminar la emoción, sino ayudar al niño a sentir seguridad incluso cuando no estamos físicamente. Bajo ningún concepto ayudaríamos a nuestro hijo/a castigándolo/a, ya que no es algo que pueda controlar por sí mismo. Es mejor acompañarlo y trabajarlo con él.
Un recurso práctico: “La cuerda mágica del amor”
Hay formas muy sencillas y poderosas de trabajar esto en casa. Una de ellas es este ejercicio basado en Wesselmann (2012):
Puedes hacerlo así:
“¿De qué color es el amor?”
Cuando el niño diga un color, sacamos un ovillo de lana de ese color.
“¿Ves? Hemos hecho visible la cuerda mágica del amor. Yo me pongo un extremo en el corazón… y tú te llevas el ovillo.”
El niño se va alejando poco a poco mientras suelta la lana.
Cada cierto tiempo puede preguntar:
“¿Estás ahí?”
Y tú respondes:
“Sí, estoy aquí.”
Después vuelve recogiendo la cuerda.
Y entonces le explicas:
“¿Has visto? Así es nuestro amor. Invisible, pero fuerte. Estamos unidos aunque no estemos juntos. Aunque nos separemos, esta cuerda no se rompe nunca.”
¿Por qué funciona?
Porque convierte algo abstracto (el vínculo) en algo visible, experimentable y seguro.
El niño no solo lo entiende, también lo siente. Y eso es lo que realmente genera seguridad.
