Estas son las principales señales de alerta de una persona que está pensando en el suicidio.

Estas son las principales señales de alerta de una persona que está pensando en el suicidio.
Las señales de alerta del suicidio incluyen comentarios negativos sobre la vida y cambios repentinos en el comportamiento. Identificar estas señales es clave para ofrecer apoyo y prevención. Aprende cómo preguntar y ayudar adecuadamente.

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Los motivos que llevan a una persona a suicidarse son muy variados, hablamos de que es un fenómeno multicausal. Si bien trastorno mental y conducta suicida son dos variables que están muy relacionadas, la ideación autolítica está presente mucho más allá. La conducta suicida no implica solamente el acto de suicidarse, lo que sería la manifestación más grave. En su expresión más leve aparece una idea pasiva de acabar con lo que nos genera malestar de forma rápida e indolora.

La realidad es que esta ideación pasiva es más común de lo que parece, ya que hay un porcentaje de personas que en algún momento de sus vidas tienen pensamientos o deseos suicidas que nunca llegan a materializarse.

Aunque existan desencadenantes, el suicidio siempre es multicausal. Tenemos que entender al ser humano como una balanza que se compone de factores de riesgo y de protección y, siempre que los factores de protección tengan más peso que los de riesgo, el ser humano apostará por la vida. Tener redes de apoyo, vínculos significativos, estrategias de afrontamiento, gestión emocional y buena salud mental son algunos de los factores que más nos protegen frente a la conducta suicida. Cualquier persona que carezca de ellos es vulnerable a la aparición de ideación suicida.

¿Cuáles son las principales señales de alerta?

En muchísimos casos la persona que se suicida lo ha llegado a comunicar previamente, ya sea de manera verbal o no verbal Es por ello que podríamos dividirlas en señales verbales y no verbales:

Entre las señales verbales más comunes destacan comentarios o verbalizaciones negativas sobre sí mismo o sobre su vida, sobre su futuro y despedidas verbales o escritas.

Comentarios como “mi vida no tiene sentido“, “estoy harto de esta situación”, “las cosas no van a mejorar” o “me gustaría dejar de sufrir y no sé cómo”.

Entre las señales de alarma no verbales destacan cambios repentinos de conducta, consumo de sustancias, alteración del sueño, regalar objetos muy personales, preciados y queridos, cerrar asuntos pendientes, preparar documentos para cuando uno no esté, extraña tranquilidad después de un periodo de angustia.

La estrategia más básica y efectiva: preguntar.


Existe un miedo generalizado a hacer la pregunta por temor a su respuesta. Muchas veces preferimos no indagar en cómo se encuentra la persona, lo que acaba provocando que no hablemos de ello.

Si detectamos que alguien en nuestro entorno pueda tener pensamientos de este tipo es mejor escuchar que buscar a toda costa qué decir.

Si la persona es capaz de expresarlo, tenemos que validar lo que está compartiendo con nosotros y bajo ningún concepto juzgarlo. No existen frases milagrosas o consejos de autoayuda, ni tampoco debemos hacerle ver lo bonita que es la vida porque esa persona, en su situación, no es capaz de verla del mismo modo que tú.

Acompañar a la persona, escucharla y ofrecerle un espacio para que pueda expresar sus pensamientos es primordial. Lo más importante es ofrecer nuestra ayuda y orientarla a que pida ayuda profesional.

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